Colonia San Ricardo es una pequeña localidad que forma parte del Partido de General Pinto y está casi en el límite de Buenos Aires con la provincia de Santa Fe. Este pintoresco lugar tiene la peculiaridad de también ser conocido como Iriarte, pero sobre todo se destaca su inusual característica de ser un pueblo dentro de otro pueblo, ya que tiene uno de los museos más atractivos de Buenos Aires. Se encuentra a 358 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, 4 horas de viaje en vehículo, y a unos 52 kilómetros de la ciudad cabecera del municipio: General Pinto
Antes de que la región sea conocida, las tierras estaban bajo disputa por estar en zona de frontera. En octubre de 1868 Diego de Alvear compra el terreno fiscal a Santa Fe, pero la escritura no fue otorgada hasta 1884 por eso recién ese año se hace la línea divisoria entre las tres provincias centrales de Argentina (Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe). Tiempo después, las hectáreas fueron repartidas ente los 5 herederos del político y se inició la construcción de las primeras casas.
Para fines de 1890 se le pidió la autorización a la familia Alvear para trazar una colonia y de esta manera poder expandir el servicio de ferrocarril que unía Chacabuco - Orellanos. El nombre de la localidad estuvo en discusión, ya que, por un lado, estaba la estación que llamaron Iriarte en honor a un militar y, por otro lado, Colonia San Ricardo, en memoria de quienes donaron sus tierras para la creación del sitio. Si bien en un primer momento la parada de trenes se le imponía, con la cancelación del transporte, el segundo bautismo cobró fuerza.
LA ESTACIÓN DEL TREN, DETENIDA EN EL TIEMPO
Su principal atractivo es el Museo Iriarte porque es un pueblo dentro del mismo pueblo. Este circuito turístico representa un pequeño paraje detenido en el tiempo, que permite a los visitantes hacer un viaje por la vieja Argentina. El creador de este sitio único es Oscar Marzol, padre de la conocida bailarina Noelia Marzol, y su principal objetivo con este proyecto fue recordar a sus antepasados a través de las profesiones que marcaron el destino de ellos. También fue una manera de mostrar el momento glorioso de Iriarte, por eso sobre las vías, posa una antigua locomotora con vagones, que data de 1905 y hasta hay un subte porteño.
A lo largo del punto podemos visitar los sets de una vieja sodería, una imprenta, la panadería de campo, una lavandería, una peluquería, entre otros locales. Lo más llamativo de estas paradas no solo es la perfecta imitación del pasado, sino el perfecto mantenimiento de todas las maquinas y utensilios que los conforman. Debido al éxito que tuvo el recorrido en estos últimos años, el dueño decidió continuar con la construcción y está instalando nuevos negocios que continuaran con la estética de las viejas localidades de campo.
EL MUSEO IRIARTE
El Museo Iriarte se extiende por tres hectáreas y hay gran variedad de lugares pintorescos. Más allá de la "ciudad detenida" hay galpones con antigua maquinaria agrícola, sulkys y hasta un coche fúnebre. El visitante puede tener una experiencia de campo y puede hacer distintas actividades rurales como sacar agua de los viejos pozos, entre otras cosas.
Marzol además de ser el creador del tour histórico, también diseño un bello jardín botánico que reúne especies vegetales de todo el mundo e invita a tomar un día en contacto con la naturaleza. En esta zona se instaló un molino, el cual está en funcionamiento, y hay un lago de casi una hectárea. Hace unos años, se construyo una residencia familiar que permite tener un día de descanso y cumple con distintas comodidades para el visitante como estacionamiento, vestuarios, sala para comensales, parrilla y otros.
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